Las categorías y etiquetas existen para que el contenido se encuentre, no para llenar un desplegable. Cuando se diseñan sin un criterio claro, terminan duplicadas, mal nombradas o sin usar — y el usuario (o el propio equipo) deja de confiar en ellas.
Pocas categorías, muchas etiquetas
Las categorías deberían responder «¿de qué tipo de contenido es esto?» —pocas, estables, casi nunca cambian—. Las etiquetas responden «¿de qué temas habla?» —pueden ser muchas y crecer con el tiempo—. Mezclar ambos roles es la razón más común de que la taxonomía se vuelva un caos.
Revisar antes de crear una nueva
La mayoría de taxonomías desordenadas no nacieron caóticas: se fueron llenando de términos creados sobre la marcha, sin revisar si ya existía uno parecido. Un vistazo rápido a lo que ya hay antes de añadir un término nuevo evita la mitad de los duplicados.